Me voy a dar una oportunidad.

Hay cosas que no olvidaré, no olvidaré lo único verdadero que había en ti, y que tú siempre intentaste negar, nunca olvidaré esa mirada vacía, pero llena de amor por mi, lo sé, las decepciones que tuviste antes de mi definieron nuestra relación, fui tu salvavidas, y ahora me encuentro sola, se perfectamente cuales fueron tus intenciones, después de todo el tiempo que pasamos juntos, no puedes negar lo evidente, te he visto reír, te he visto llorar, te he visto abrazado a mi noches enteras, te he visto en las buenas y en las malas, te he visto intentar cocinar, te he visto ardiendo, te he visto frío, te he visto distante, te he visto llegar al cielo,  ¿A mi me vas a mentir?

Y recuerdo el dolor que sentí, esa piedra constante en mi corazón, esas noches dormida con lágrimas en los ojos, esas mañanas despertando como si de un susto se tratase, ese sobresalto continuo, esa angustia de ver el móvil sin mensajes, día tras día, canciones que no podía compartir, sonrisas que no podía compartir, películas, vistas, comidas, anécdotas, pensamientos que no podía compartir, y tuve que ver como él si podía compartir fríamente eso fácilmente con alguien, tuve que ver lo poca cosa que fui para él, como si fuera un peso que se había quitado de encima, y nunca se valoró nada de lo que hice, no se valoró mi atención, mis caricias, mi amor real y puro y sincero, mis regalos, mis detalles, mis palabras, esas tardes en las que me quedaba mirándole embobada y él me preguntaba “porqué me miras así?” acompañado de su cara de extrañeza y su media sonrisa, mis risas sobre sus eructos y pedos, ¿qué chica se ríe de eso? ninguna, al menos con tanto amor como lo hice yo, esas noches en el cine, viendo sólo esas películas que a él le gustaban, esos abrazos por la espalda mientras él trabajaba, mi apoyo constante en lo que amaba incluso cuando a los demás no le gustaba, recordarle a cada momento su tratamiento, la comida que prefería, mi lealtad absoluta, mi entrega absoluta, parece que nada de eso se valoró, quizás si me hubiera vestido de otra forma aquél día, la cosa hubiera cambiado, quizás si le hubiera callado con un beso la cosa hubiera sido diferente, pero todo me ha llevado hasta aquí, él por un camino y yo por otro, intento recordarle con cariño, intento mantener la calma, pero el dolor y la rabia se entrometen, no es rabia por algo que yo hubiera hecho para que esto no hubiera ocurrido, es rabia por lo poco que he sido para él, por haberme hecho sentir después de la ruptura como algo fácil de olvidar, como si hubiera sido un beneficio para él, y al acabarse el interés y el beneficio, ya no sirviera, y por todo lo que me enteré de él después, no tiene nombre, yo no merecía eso, para nada.

Ahora va a ser la última vez que le mire, tengo que romper toda esperanza de verle de nuevo en mi vida, tengo que seguir adelante, de lo único que me culpo es de haberle visto como algo para siempre, como alguien especial, como un todo para mi, mientras que lo que nunca quise ver, es que realmente fui una chica más en su vida, alguien con quien se rompen los lazos, y aunque duela, no volver a ella nunca más. Y así es la vida, hay personas que entran en tu vida por algo y cuando se van también es por algo, pero lo triste es que no lo veo como que he perdido una pareja, sino como que he perdido a un amigo, pero la vida sigue, y esta etapa creo que ya debe de terminar, he estado expectante hasta el último momento, he estado ahí incluso cuando él no ha estado, y viendo oportunidades donde ni siquiera los había, han pasado ya siete meses desde que me dejó, y si, digo dejó, porque yo nunca quise dejarlo, y aunque ahora se que estoy mejor sin él, nunca quise que la cosa acabara de esta forma, pero eso ya no está en mi mano, porque yo hice todo lo posible por él, lo único mal que hice fue ser sumisa, ingenua, y aceptar y bajar la cabeza, en vez de echarle cara y discutir más de vez en cuando, y tener esa chispa de llevar un par de días sin hablarnos.

Hay tantos sentimientos que no caben en palabras.

Me abro a lo nuevo, abrazo la vida, mojo mis pies en el agua y juego con la arena fina, siento la brisa en mi cara, y en mi pelo rubio se refleja el sol, haciendo a mi cabello parecer que está en llamas, y realmente estoy en llamas, es la chispa de la vida, que me toca y me quema, y es una chispa que muy pocos se atreven a tocar, porque quema y arrasa con todo lo conocido. 

Me voy a dar una oportunidad.