Smile.

Hay una conclusión para mi ilusión, no hay fin para esta confusión y algunas preguntas son mejores dejarlas volar.

Tu mente dejó colgando a tu corazón, pero te aseguro que hay un modo para volver a ser tu mismo, hay un modo de luchar por tus sueños sin quedarte dormido.

Siempre hay una luz para toda oscuridad.

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Smile.

Lobos Blancos

Cuando los lobos se vuelven blancos, mis ojos miran hacía otro lado. Me doy cuenta de que ahí ya no pertenezco. Ahora todo es tan fácil, hay una paz traviesa dentro de mi. Hay ganas de gritar, de gemir, y de seguir soltando cosas que ya no sirven.

Son lobos blancos, pero yo sé lo que son en realidad, son sólo una ilusión de su ego. Pero su alma es tan negra como el carbón. Cuando los lobos se vuelven blancos, miro hacía otro lado, son sólo mentiras, es solo parte de su plan.

Son lobos blancos con ojos penetrantes, de olfato fino y lengua como cuchillos.

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Lobos Blancos

No soy de este mundo

“Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un ‘saber volver’. No lo querré acaso”.

Alejandra Pizarnik.

 

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No soy de este mundo

2017, el año del estiércol. Soy una bella flor.

Este año lo despido con todo el agradecimiento posible a todas las personas que me han hecho daño, suena raro pero puedo decir que, mi vida empieza ahora. Así lo siento dentro de mi. Ahora soy como quiero ser, poco a poco lo estoy consiguiendo.

Gracias a esa persona, que me enseñó que no me estaba valorando a mi misma, que no me estaba queriendo, que no me estaba respetando. Hoy se que una ruptura es como caer en un pozo, para algunos será un fracaso, para mi es un triunfo. Es una puerta rota que se cierra, pero es una puerta que se abre a mil y una posibilidades. Hoy se que has sido mi maestro, y la verdad es que has sido el maestro perfecto, el que toda persona como yo necesita. Me has enseñado tanto, que no te lo puedes imaginar, quizás me veas y no lo notes, o quizás si, sólo tiempo al tiempo, que el verdadero cambio positivo siempre es a largo plazo y lleva su tiempo, pero por dentro soy una persona nueva, soy todo lo que siempre he querido ser y no me atrevía. Y no me atrevía por la falta de aprobación, por miedo al rechazo, por el ridículo, pero ahora sé que soy libre, que soy independiente, y que estoy en el camino correcto, que no estoy en una relación por miedo a la soledad, ni por olvidar a otra persona, como tú hiciste conmigo.

Elijo el camino díficil, el que nadie quiere, elijo la soledad, me elijo a mi, a enfrentarme a mi, a mis miedos, a mis inseguridades, a mi oscuridad, a mi luz, a  mis necesidades, a lo que quiero, a lo que deseo, no necesito a alguien a mi lado para sentirme completa, ni para demostrar a nadie que estoy con alguien, que no estoy sola y que todo va bien conmigo. Gilipolleces. Elijo hacer lo que me de la gana, a coger el mando y mandar en mi. Yo misma soy mi prioridad. Fortaleza, coraje, honestidad, lealtad, poderío. Conseguir las cosas por mi propia cuenta. Esfuerzo, constancia, paciencia, disciplina. La vida es ahora o nunca. No voy a perder más tiempo con cosas que no mueven mi alma, ni mi mente ni mi inquietud, no voy a perder más tiempo en personas que no aportan nada, no voy a perder más el tiempo en tonterías. Las cosas suceden o hacemos que sucedan, ahora tomo yo la iniciativa, ahora van a suceder porque yo quiero que sucedan. No viviré más quedándome con las ganas. Y me estamparé una y otra vez, y me levantaré una y otra vez, por que una vez leí que si tenía el corazón roto, era porque había intentado algo.

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2017, el año del estiércol. Soy una bella flor.

Nunca me conoció

“Nunca me conoció, nunca me dijo tengo miedo de que ya no vuelvas. Nunca se declaró culpable de tanta intención tirada en la escalera. Nunca sus ojos libres, su cuerpo libre, ni sus palabras tirándome al cuello. Nunca me conoció, tal vez jamás lo hiciera.

Vive derrotado, caminando entre la gente, vive lleno de zarpazos esquivando cuando siente.
Alas rotas y cansadas de romperse en algún vuelo, lluvia seca que te nace pero nunca llega dentro.
Mirada inofensiva de los que nunca reclaman, algo cómodo que sientes pero nunca te desarma.
Tierno como un animal que va buscando una caricia. Se llevó todo de mí, pero nunca tuvo prisa.”

Vanesa Martín

 

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Nunca me conoció

Vacío

Sólo veo miradas vacías y almas ardiendo en la soledad, veo sueños que no saben a donde van. Todas las caras que veo, son sólo máscaras, me parece que nada es real, a veces juego a descifrar quien hay detrás, pero todos hacen su papel tan bien, todos se esconden detrás de su piel, hay palabras que están afiladas y atraviesan el alma, hay miradas que no dicen nada y luego gestos que lo dicen todo, me siento tan llena en un mundo tan vacío, me siento tan sola en un mundo que está tan lleno, en un mundo lleno de humanos pero de ninguna humanidad.

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Vacío

Barba Azul (o el fin de la ingenuidad)

Hoy te voy a contar un cuento:

“Erase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles tapizados de brocado y carrozas completamente doradas; pero, por desgracia, aquel hombre tenía la barba azul: aquello le hacía tan feo y tan terrible, que no había mujer ni joven que no huyera de él.

Una distinguida dama, vecina suya, tenía dos hijas sumamente hermosas. Él le pidió una en matrimonio, y dejó a su elección que le diera la que quisiera. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban la una a la otra, pues no se sentían capaces de tomar por esposo a un hombre que tuviera la barba azul. Lo que tampoco les gustaba era que se había casado ya con varias mujeres y no se sabía qué había sido de ellas.

Barba Azul, para irse conociendo, las llevó con su madre, con tres o cuatro de sus mejores amigas y con algunos jóvenes de la localidad a una de sus casas de campo, donde se quedaron ocho días enteros. Todo resultó tan bien, que a la menor de las hermanas empezó a parecerle que el dueño de la casa ya no tenía la barba tan azul y que era un hombre muy honesto. 

En cuanto regresaron a la ciudad se consumó el matrimonio.

Al cabo de un mes Barba Azul dijo a su mujer que tenía que hacer un viaje a provincias,que le rogaba que se divirtiera mucho durante su ausencia, que invitara a sus amigas, que las llevara al campo si quería y que no dejase de comer bien.

Éstas son -le dijo- las llaves de los dos grandes guardamuebles; éstas, las de la vajilla de oro y plata que no se saca a diario; éstas, las de mis cajas fuertes, donde están el oro y la plata; ésta, la de los estuches donde están las pedrerías, y ésta, la llave maestra de todos las habitaciones de la casa. En cuanto a esta llavecita, es la del gabinete del fondo de la gran galería del piso de abajo: abrid todo, andad por donde queráis, pero os prohíbo entrar en ese pequeño gabinete, y os lo prohíbo de tal suerte que, si llegáis a abrirlo, no habrá nada que no podáis esperar de mi cólera.

 

Ella prometió observar estrictamente cuanto se le acababa de ordenar, y él, después de besarla, sube a su carroza y sale de viaje.

Llegaron las hermanas y estuvieron cotilleando todas las habitaciones, la hermana menor dijo que su esposo le había prohíbo que abriera la puerta correspondiente a la llavecita, pero sus hermanas estaban intrigadas y la curiosidad les comía por dentro, al llegar a la puerta del gabinete, se detuvo un rato, pensando en la prohibición que su marido le había hecho, y considerando que podría sucederle alguna desgracia por ser desobediente; pero la tentación era tan fuerte, que no pudo resistirla: cogió la llavecita y, temblando, abrió la puerta del gabinete.

Al principio no vio nada, porque las ventanas estaban cerradas; después de algunos momentos empezó a ver que el suelo restos de sangre de las mujeres anteriores que había tenido Barba Azul. Creyó que se moría de miedo, y la llave del gabinete, que acababa de sacar de la cerradura, se le cayó de las manos.

Después de haberse recobrado un poco, recogió la llave, volvió a cerrar la puerta y subió a su habitación para reponerse un poco; pero no lo conseguía, de lo angustiada que estaba.

Habiendo notado que la llave estaba manchada de sangre, la limpió dos o tres veces, pero la sangre no se iba; por más que la lavaba e incluso la frotaba con arena y estropajo, siempre quedaba sangre, pues la llave estaba encantada y no había manera de limpiarla del todo: cuando se quitaba la sangre de un sitio, aparecía en otro.

Barba Azul volvió aquella misma noche de su viaje y dijo que había recibido cartas en el camino que le anunciaban que el asunto por el cual se había ido acababa de solucíonarse a su favor. Su mujer hizo todo lo que pudo por demostrarle que estaba encantada de su pronto regreso.

Al día siguiente, él le pidió las llaves, y ella se las dio, pero con una mano tan temblorosa, que él adivinó sin esfuerzo lo que había pasado.

-¿Cómo es que -le dijo- la llave del gabinete no está con las demás?

-Se me habrá quedado arriba en la mesa -contestó.

 

-No dejéis de dármela en seguida -dijo Barba Azul.

Después de aplazarlo varias veces, no tuvo más remedio que traer la llave.

Barba Azul, habiéndola mirado, dijo a su mujer:

-¿Por qué tiene sangre esta llave?

-No lo sé -respondió la pobre mujer, más pálida que la muerte.

-No lo sabéis -prosiguió Barba Azul-; pues yo sí lo sé: habéis querido entrar en el gabinete. Pues bien, señora, entraréis en él e iréis a ocupar vuestro sitio al lado de las damas que habéis visto.

Ella se arrojó a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón con todas las muestras de un verdadero arrepentimiento por no haber sido obediente. Hermosa y afligida como estaba, hubiera enternecido a una roca; pero Barba Azul tenía el corazón más duro que una roca.

-Señora, debéis de morir -le dijo-, y ahora mismo.

-Ya que he de morir -le respondió, mirándole con los ojos bañados en lágrimas-, dadme un poco de tiempo para encomendarme a Dios.

-Os doy medio cuarto de hora -prosiguió Barba Azul-, pero ni un momento más.

Cuando se quedó sola, llamó a su hermana y le dijo:

-Ana, hermana mía (pues así se llamaba), por favor, sube a lo más alto de la torre para ver si vienen mis hermanos; me prometieron que vendrían a verme hoy, y, si los ves, hazles señas para que se den prisa.

La hermana Ana subió a lo alto de la torre y la pobre aflígida le gritaba de cuando en cuando:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

Y su hermana Ana le respondía:

-No veo más que el sol que polvorea y la hierba que verdea.

Entre tanto Barba Azul, que llevaba un gran cuchillo en la mano, gritaba con todas sus fuerzas a su mujer:

-¡Baja en seguida o subiré yo a por ti!

-Un momento, por favor -le respondía su mujer; y en seguida gritaba bajito:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

Y su hermana Ana respondía:

-No veo más que el sol que polvorea y la hierba que verdea.

-¡Vamos, baja en seguida -gritaba Barba Azul- o subo yo a por ti!

-Ya voy -respondía su mujer, y luego preguntaba a su hermana:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

-Veo -respondió su hermana- una gran polvareda que viene de aquel lado.

-¿Son mis hermanos?

-¡Ay, no, hermana! Es un rebaño de ovejas.

-¿Quieres bajar de una vez? -gritaba Barba Azul.

-Un momento -respondía su mujer; y luego volvía a preguntar:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

-Veo -respondió- dos caballeros que se dirigen hacia aquí, pero todavía están muy lejos.

-¡Alabado sea Dios! -exclamó un momento después-. Son mis hermanos; estoy hacíéndoles todas las señas que puedo para que se den prisa.

Barba Azul se puso a gritar tan fuerte, que toda la casa tembló.

La pobre mujer bajó y fue a arrojarse a sus pies, toda llorosa y desmelenada.

-Es inútil -dijo Barba Azul-, tienes que morir.

Luego, cogiéndola con una mano por los cabellos y levantando el gran cuchillo con la otra, se dispuso a cortarle la cabeza.

La pobre mujer, volviéndose hacia él y mirándolo con ojos desfallecientes, le rogó que le concediera un minuto para recogerse.

– No, no -dijo-, encomiéndate a Dios.

Y, levantando el brazo…

En aquel momento llamaron tan fuerte a la puerta, que Barba Azul se detuvo bruscamente; tan pronto como la puerta se abrió vieron entrar a dos caballeros que, espada en mano, se lanzaron directos hacia Barba Azul. Él reconoció a los hermanos de su mujer, el uno dragón y el otro mosquetero, así que huyó en seguida para salvarse; pero los dos hermanos lo persiguieron tan de cerca, que lo atraparon antes de que pudiera alcanzar la salida. Le atravesaron el cuerpo con su espada y lo dejaron muerto.

La pobre mujer estaba casi tan muerta como su marido y no tenía fuerzas para levantarse y abrazar a sus hermanos.”

Así es, todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido como la hermana menor del cuento, esa ingenuidad hace que elijamos mal a nuestra pareja, ese miedo de desobedecer nos hace inmóviles, pero mira lo que pasa cuando cruzamos la puerta, vemos realmente como es barba azul, lo que puede ser la gran decepción de tu vida, se puede convertir en tu mayor lección, sales herida si, casi muerta, es posible, pero abrir los ojos a tal abuso y tal engaño, no tiene precio. A veces hay que mirar más allá de lo que tenemos en frente, y cruzar puertas para saber quien está realmente a nuestro lado.

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Barba Azul (o el fin de la ingenuidad)