No soy de este mundo

“Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un ‘saber volver’. No lo querré acaso”.

Alejandra Pizarnik.

 

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No soy de este mundo

Todo está bien contigo.

Todo está bien contigo.

No hace falta que sigas las normas, hay normas que están tan arraigadas a la sociedad que las seguimos aunque duelan en nuestro interior.

¿Quién eres?

¿Quién serías si no tuvieras todas las inseguridades y todos los miedos?

No hace falta tener una relación para demostrar que todo está bien contigo, que no estás solo, que alguien te quiere. Esa ansiedad de estar con alguien, esa ansiedad por ser, estar perfecto, de publicarlo rápidamente en facebook ante el primer polvo o el primer beso.

Esa ansiedad, ese sinvivir por ser ideal, por ser perfecta, por tener el cuerpo perfecto, por ser lo que esperan los demás que seas. ¿De verdad quieres hacer el gran cambio? si? y dime ahora, ¿Lo haces por los demás o lo haces por ti?

Y esos nervios mirando carreras con salidas, esto tiene salida, esto no, mis padres es lo que quieren, me han aconsejado que… ¿para qué tantas carreras con salidas si luego alguien que de verdad le gusta lo que está haciendo coincide con lo tuyo y te lo arrebata? porque pueden más las ganas. Dime, ¿Qué harías si no te pagaran? Has contestado ya? Si? Esa es tu vocación, es tu corazón hablándote, siguelo.

Y te das cuenta de que detrás de todo esto, está el miedo a no ser aceptado, a no ser querido, detrás de todo esto, está la autoestima.

¿Te sientes capaz de hacerlo?

¿Sientes que lo mereces?

¿Te conoces? ¿Sabes lo que te apasiona? ¿Sabes lo que te gusta, te disgusta, te emociona?

¿Puedes decir que no? ¿Puedes hablar públicamente sin miedo al rídiculo?

Y así un largo etc… Estamos tan pendiente de lo de fuera, de aparentar, de jerarquías sin sentido, y no nos damos cuenta de que todas las acciones de nuestra vida nacen del amor o del miedo que sintamos a hacía nosotros mismos.

Estamos tan pendiente de que alguien llegue y nos haga felices, de aparentar estar felices, de aparentar tener dinero y riquezas, de aparentar que estamos bien, que no nos damos cuenta de lo hipócritas que somos unos con otros y sobre todo, con nosotros mismos. La felicidad no está fuera, está dentro, mientras espereres que algo externo te haga feliz, estás eligiendo el sufrimiento.

Todo el cambio que esperas ver está dentro de tí. No está cambiando a los demás.

Mi cita favorita de Carl Jung:

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma.”

 

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Todo está bien contigo.

2017, el año del estiércol. Soy una bella flor.

Este año lo despido con todo el agradecimiento posible a todas las personas que me han hecho daño, suena raro pero puedo decir que, mi vida empieza ahora. Así lo siento dentro de mi. Ahora soy como quiero ser, poco a poco lo estoy consiguiendo.

Gracias a esa persona, que me enseñó que no me estaba valorando a mi misma, que no me estaba queriendo, que no me estaba respetando. Hoy se que una ruptura es como caer en un pozo, para algunos será un fracaso, para mi es un triunfo. Es una puerta rota que se cierra, pero es una puerta que se abre a mil y una posibilidades. Hoy se que has sido mi maestro, y la verdad es que has sido el maestro perfecto, el que toda persona como yo necesita. Me has enseñado tanto, que no te lo puedes imaginar, quizás me veas y no lo notes, o quizás si, sólo tiempo al tiempo, que el verdadero cambio positivo siempre es a largo plazo y lleva su tiempo, pero por dentro soy una persona nueva, soy todo lo que siempre he querido ser y no me atrevía. Y no me atrevía por la falta de aprobación, por miedo al rechazo, por el ridículo, pero ahora sé que soy libre, que soy independiente, y que estoy en el camino correcto, que no estoy en una relación por miedo a la soledad, ni por olvidar a otra persona, como tú hiciste conmigo.

Elijo el camino díficil, el que nadie quiere, elijo la soledad, me elijo a mi, a enfrentarme a mi, a mis miedos, a mis inseguridades, a mi oscuridad, a mi luz, a  mis necesidades, a lo que quiero, a lo que deseo, no necesito a alguien a mi lado para sentirme completa, ni para demostrar a nadie que estoy con alguien, que no estoy sola y que todo va bien conmigo. Gilipolleces. Elijo hacer lo que me de la gana, a coger el mando y mandar en mi. Yo misma soy mi prioridad. Fortaleza, coraje, honestidad, lealtad, poderío. Conseguir las cosas por mi propia cuenta. Esfuerzo, constancia, paciencia, disciplina. La vida es ahora o nunca. No voy a perder más tiempo con cosas que no mueven mi alma, ni mi mente ni mi inquietud, no voy a perder más tiempo en personas que no aportan nada, no voy a perder más el tiempo en tonterías. Las cosas suceden o hacemos que sucedan, ahora tomo yo la iniciativa, ahora van a suceder porque yo quiero que sucedan. No viviré más quedándome con las ganas. Y me estamparé una y otra vez, y me levantaré una y otra vez, por que una vez leí que si tenía el corazón roto, era porque había intentado algo.

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2017, el año del estiércol. Soy una bella flor.

Me voy a dar una oportunidad.

Hay cosas que no olvidaré, no olvidaré lo único verdadero que había en ti, y que tú siempre intentaste negar, nunca olvidaré esa mirada vacía, pero llena de amor por mi, lo sé, las decepciones que tuviste antes de mi definieron nuestra relación, fui tu salvavidas, y ahora me encuentro sola, se perfectamente cuales fueron tus intenciones, después de todo el tiempo que pasamos juntos, no puedes negar lo evidente, te he visto reír, te he visto llorar, te he visto abrazado a mi noches enteras, te he visto en las buenas y en las malas, te he visto intentar cocinar, te he visto ardiendo, te he visto frío, te he visto distante, te he visto llegar al cielo,  ¿A mi me vas a mentir?

Y recuerdo el dolor que sentí, esa piedra constante en mi corazón, esas noches dormida con lágrimas en los ojos, esas mañanas despertando como si de un susto se tratase, ese sobresalto continuo, esa angustia de ver el móvil sin mensajes, día tras día, canciones que no podía compartir, sonrisas que no podía compartir, películas, vistas, comidas, anécdotas, pensamientos que no podía compartir, y tuve que ver como él si podía compartir fríamente eso fácilmente con alguien, tuve que ver lo poca cosa que fui para él, como si fuera un peso que se había quitado de encima, y nunca se valoró nada de lo que hice, no se valoró mi atención, mis caricias, mi amor real y puro y sincero, mis regalos, mis detalles, mis palabras, esas tardes en las que me quedaba mirándole embobada y él me preguntaba “porqué me miras así?” acompañado de su cara de extrañeza y su media sonrisa, mis risas sobre sus eructos y pedos, ¿qué chica se ríe de eso? ninguna, al menos con tanto amor como lo hice yo, esas noches en el cine, viendo sólo esas películas que a él le gustaban, esos abrazos por la espalda mientras él trabajaba, mi apoyo constante en lo que amaba incluso cuando a los demás no le gustaba, recordarle a cada momento su tratamiento, la comida que prefería, mi lealtad absoluta, mi entrega absoluta, parece que nada de eso se valoró, quizás si me hubiera vestido de otra forma aquél día, la cosa hubiera cambiado, quizás si le hubiera callado con un beso la cosa hubiera sido diferente, pero todo me ha llevado hasta aquí, él por un camino y yo por otro, intento recordarle con cariño, intento mantener la calma, pero el dolor y la rabia se entrometen, no es rabia por algo que yo hubiera hecho para que esto no hubiera ocurrido, es rabia por lo poco que he sido para él, por haberme hecho sentir después de la ruptura como algo fácil de olvidar, como si hubiera sido un beneficio para él, y al acabarse el interés y el beneficio, ya no sirviera, y por todo lo que me enteré de él después, no tiene nombre, yo no merecía eso, para nada.

Ahora va a ser la última vez que le mire, tengo que romper toda esperanza de verle de nuevo en mi vida, tengo que seguir adelante, de lo único que me culpo es de haberle visto como algo para siempre, como alguien especial, como un todo para mi, mientras que lo que nunca quise ver, es que realmente fui una chica más en su vida, alguien con quien se rompen los lazos, y aunque duela, no volver a ella nunca más. Y así es la vida, hay personas que entran en tu vida por algo y cuando se van también es por algo, pero lo triste es que no lo veo como que he perdido una pareja, sino como que he perdido a un amigo, pero la vida sigue, y esta etapa creo que ya debe de terminar, he estado expectante hasta el último momento, he estado ahí incluso cuando él no ha estado, y viendo oportunidades donde ni siquiera los había, han pasado ya siete meses desde que me dejó, y si, digo dejó, porque yo nunca quise dejarlo, y aunque ahora se que estoy mejor sin él, nunca quise que la cosa acabara de esta forma, pero eso ya no está en mi mano, porque yo hice todo lo posible por él, lo único mal que hice fue ser sumisa, ingenua, y aceptar y bajar la cabeza, en vez de echarle cara y discutir más de vez en cuando, y tener esa chispa de llevar un par de días sin hablarnos.

Hay tantos sentimientos que no caben en palabras.

Me abro a lo nuevo, abrazo la vida, mojo mis pies en el agua y juego con la arena fina, siento la brisa en mi cara, y en mi pelo rubio se refleja el sol, haciendo a mi cabello parecer que está en llamas, y realmente estoy en llamas, es la chispa de la vida, que me toca y me quema, y es una chispa que muy pocos se atreven a tocar, porque quema y arrasa con todo lo conocido. 

Me voy a dar una oportunidad.

Estás justo donde tienes que estar.

Qué curiosa la vida oye, y que sabia, te pone mil veces la lección delante hasta que aprendes, da igual el número de veces, y da igual la forma de hacerlo, más suave o más brusca.

Son pequeños gestos, pequeños hechos, que no ya no duelen, pero te dan esa palmadita en la espalda diciéndote:

“Que sí, que estás aquí por algo, que estás genial, que estás radiante, que las pelusas y el polvo que te echaron ya no están, que te cortaron las alas, si,  que empequeñecieron tus ambiciones, que te dijeron que lo que querías no te lo merecías, que estabas apuntando lejos, que no te pusieras muy por lo alto, que no eres tanto… bah! ¿No te das cuenta? Ahora eres lo que alguien quiso en su momento, pero al no valorarte, ya no te tiene, de ninguna de las formas, y qué bien, celebra, celebra que has ganado, aunque nadie lo vea, celebra que estás viva, que el dolor poco a poco se va desvaneciendo, celebra que eres dueña de tus pensamientos y que nadie te lo puede arrebatar, celebra que estás haciendo las cosas por ti misma de una puta vez y no por nadie, celebra que nadie más se reirá de tus alpargatas, de tus creencias, de tus opiniones a veces ingenuas, celebra tu buena salud de ahora, tú perdida de peso, celebra tu inteligencia, celebra tus ambiciones, tu alegría, tu entusiasmo, celebra que no es ego, que no es inseguridad, que es una autoestima que va en aumento (y por fin!) celebra las miradas cuando te vean con tacones y un vestido ajustado, y sea para alguien que no pidió nada y por eso le diste todo.

Y hago a veces ciertos hechos, que parecen hipócritas, pero raramente, me salen del corazón, así sin más, será por mi bondad, por mi honestidad, por mi buen ser, por ser bonhomía si. 

Y lo último que voy a hacer, es culparme, si, culparme de haber amado y deseado a una persona durante tres años, e incluso el tiempo que no he estado con él, no debo sentir ni culpabilidad ni desprecio a mi misma, ¿por qué he de sentirlo? ¿Verguenza? tampoco. A pesar de mis defectos, a pesar de que la cosa iba mal, lo miraba y sentía tal amor que nunca vi la posibilidad de rendirme. Pero hoy tengo la mejor y sabía lección de vida que puedes tener.

Y como leí hace poco:

“¿Por qué he de estar triste? He perdido a gente que no me amaba, pero ellos perdieron a alguien que los amaba.”

Si has perdido a alguien , pero te has encontrado a ti mismo, tú has ganado.”

Estás justo donde tienes que estar.

Barba Azul (o el fin de la ingenuidad)

Hoy te voy a contar un cuento:

“Erase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles tapizados de brocado y carrozas completamente doradas; pero, por desgracia, aquel hombre tenía la barba azul: aquello le hacía tan feo y tan terrible, que no había mujer ni joven que no huyera de él.

Una distinguida dama, vecina suya, tenía dos hijas sumamente hermosas. Él le pidió una en matrimonio, y dejó a su elección que le diera la que quisiera. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban la una a la otra, pues no se sentían capaces de tomar por esposo a un hombre que tuviera la barba azul. Lo que tampoco les gustaba era que se había casado ya con varias mujeres y no se sabía qué había sido de ellas.

Barba Azul, para irse conociendo, las llevó con su madre, con tres o cuatro de sus mejores amigas y con algunos jóvenes de la localidad a una de sus casas de campo, donde se quedaron ocho días enteros. Todo resultó tan bien, que a la menor de las hermanas empezó a parecerle que el dueño de la casa ya no tenía la barba tan azul y que era un hombre muy honesto. 

En cuanto regresaron a la ciudad se consumó el matrimonio.

Al cabo de un mes Barba Azul dijo a su mujer que tenía que hacer un viaje a provincias,que le rogaba que se divirtiera mucho durante su ausencia, que invitara a sus amigas, que las llevara al campo si quería y que no dejase de comer bien.

Éstas son -le dijo- las llaves de los dos grandes guardamuebles; éstas, las de la vajilla de oro y plata que no se saca a diario; éstas, las de mis cajas fuertes, donde están el oro y la plata; ésta, la de los estuches donde están las pedrerías, y ésta, la llave maestra de todos las habitaciones de la casa. En cuanto a esta llavecita, es la del gabinete del fondo de la gran galería del piso de abajo: abrid todo, andad por donde queráis, pero os prohíbo entrar en ese pequeño gabinete, y os lo prohíbo de tal suerte que, si llegáis a abrirlo, no habrá nada que no podáis esperar de mi cólera.

 

Ella prometió observar estrictamente cuanto se le acababa de ordenar, y él, después de besarla, sube a su carroza y sale de viaje.

Llegaron las hermanas y estuvieron cotilleando todas las habitaciones, la hermana menor dijo que su esposo le había prohíbo que abriera la puerta correspondiente a la llavecita, pero sus hermanas estaban intrigadas y la curiosidad les comía por dentro, al llegar a la puerta del gabinete, se detuvo un rato, pensando en la prohibición que su marido le había hecho, y considerando que podría sucederle alguna desgracia por ser desobediente; pero la tentación era tan fuerte, que no pudo resistirla: cogió la llavecita y, temblando, abrió la puerta del gabinete.

Al principio no vio nada, porque las ventanas estaban cerradas; después de algunos momentos empezó a ver que el suelo restos de sangre de las mujeres anteriores que había tenido Barba Azul. Creyó que se moría de miedo, y la llave del gabinete, que acababa de sacar de la cerradura, se le cayó de las manos.

Después de haberse recobrado un poco, recogió la llave, volvió a cerrar la puerta y subió a su habitación para reponerse un poco; pero no lo conseguía, de lo angustiada que estaba.

Habiendo notado que la llave estaba manchada de sangre, la limpió dos o tres veces, pero la sangre no se iba; por más que la lavaba e incluso la frotaba con arena y estropajo, siempre quedaba sangre, pues la llave estaba encantada y no había manera de limpiarla del todo: cuando se quitaba la sangre de un sitio, aparecía en otro.

Barba Azul volvió aquella misma noche de su viaje y dijo que había recibido cartas en el camino que le anunciaban que el asunto por el cual se había ido acababa de solucíonarse a su favor. Su mujer hizo todo lo que pudo por demostrarle que estaba encantada de su pronto regreso.

Al día siguiente, él le pidió las llaves, y ella se las dio, pero con una mano tan temblorosa, que él adivinó sin esfuerzo lo que había pasado.

-¿Cómo es que -le dijo- la llave del gabinete no está con las demás?

-Se me habrá quedado arriba en la mesa -contestó.

 

-No dejéis de dármela en seguida -dijo Barba Azul.

Después de aplazarlo varias veces, no tuvo más remedio que traer la llave.

Barba Azul, habiéndola mirado, dijo a su mujer:

-¿Por qué tiene sangre esta llave?

-No lo sé -respondió la pobre mujer, más pálida que la muerte.

-No lo sabéis -prosiguió Barba Azul-; pues yo sí lo sé: habéis querido entrar en el gabinete. Pues bien, señora, entraréis en él e iréis a ocupar vuestro sitio al lado de las damas que habéis visto.

Ella se arrojó a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón con todas las muestras de un verdadero arrepentimiento por no haber sido obediente. Hermosa y afligida como estaba, hubiera enternecido a una roca; pero Barba Azul tenía el corazón más duro que una roca.

-Señora, debéis de morir -le dijo-, y ahora mismo.

-Ya que he de morir -le respondió, mirándole con los ojos bañados en lágrimas-, dadme un poco de tiempo para encomendarme a Dios.

-Os doy medio cuarto de hora -prosiguió Barba Azul-, pero ni un momento más.

Cuando se quedó sola, llamó a su hermana y le dijo:

-Ana, hermana mía (pues así se llamaba), por favor, sube a lo más alto de la torre para ver si vienen mis hermanos; me prometieron que vendrían a verme hoy, y, si los ves, hazles señas para que se den prisa.

La hermana Ana subió a lo alto de la torre y la pobre aflígida le gritaba de cuando en cuando:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

Y su hermana Ana le respondía:

-No veo más que el sol que polvorea y la hierba que verdea.

Entre tanto Barba Azul, que llevaba un gran cuchillo en la mano, gritaba con todas sus fuerzas a su mujer:

-¡Baja en seguida o subiré yo a por ti!

-Un momento, por favor -le respondía su mujer; y en seguida gritaba bajito:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

Y su hermana Ana respondía:

-No veo más que el sol que polvorea y la hierba que verdea.

-¡Vamos, baja en seguida -gritaba Barba Azul- o subo yo a por ti!

-Ya voy -respondía su mujer, y luego preguntaba a su hermana:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

-Veo -respondió su hermana- una gran polvareda que viene de aquel lado.

-¿Son mis hermanos?

-¡Ay, no, hermana! Es un rebaño de ovejas.

-¿Quieres bajar de una vez? -gritaba Barba Azul.

-Un momento -respondía su mujer; y luego volvía a preguntar:

-Ana, hermana Ana, ¿no ves venir a nadie?

-Veo -respondió- dos caballeros que se dirigen hacia aquí, pero todavía están muy lejos.

-¡Alabado sea Dios! -exclamó un momento después-. Son mis hermanos; estoy hacíéndoles todas las señas que puedo para que se den prisa.

Barba Azul se puso a gritar tan fuerte, que toda la casa tembló.

La pobre mujer bajó y fue a arrojarse a sus pies, toda llorosa y desmelenada.

-Es inútil -dijo Barba Azul-, tienes que morir.

Luego, cogiéndola con una mano por los cabellos y levantando el gran cuchillo con la otra, se dispuso a cortarle la cabeza.

La pobre mujer, volviéndose hacia él y mirándolo con ojos desfallecientes, le rogó que le concediera un minuto para recogerse.

– No, no -dijo-, encomiéndate a Dios.

Y, levantando el brazo…

En aquel momento llamaron tan fuerte a la puerta, que Barba Azul se detuvo bruscamente; tan pronto como la puerta se abrió vieron entrar a dos caballeros que, espada en mano, se lanzaron directos hacia Barba Azul. Él reconoció a los hermanos de su mujer, el uno dragón y el otro mosquetero, así que huyó en seguida para salvarse; pero los dos hermanos lo persiguieron tan de cerca, que lo atraparon antes de que pudiera alcanzar la salida. Le atravesaron el cuerpo con su espada y lo dejaron muerto.

La pobre mujer estaba casi tan muerta como su marido y no tenía fuerzas para levantarse y abrazar a sus hermanos.”

Así es, todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido como la hermana menor del cuento, esa ingenuidad hace que elijamos mal a nuestra pareja, ese miedo de desobedecer nos hace inmóviles, pero mira lo que pasa cuando cruzamos la puerta, vemos realmente como es barba azul, lo que puede ser la gran decepción de tu vida, se puede convertir en tu mayor lección, sales herida si, casi muerta, es posible, pero abrir los ojos a tal abuso y tal engaño, no tiene precio. A veces hay que mirar más allá de lo que tenemos en frente, y cruzar puertas para saber quien está realmente a nuestro lado.

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Barba Azul (o el fin de la ingenuidad)