Nunca me conoció

Nunca me conoció, nunca me dijo tengo miedo de que ya no vuelvas.
Nunca se declaró culpable de tanta intención tirada en la escalera.

Nunca sus ojos libres, su cuerpo libre, ni sus palabras tirándome al cuello.
Nunca me conoció, tal vez jamás lo hiciera.

Tal vez me conoció y no pudo soltar las riendas.

Vive derrotado, caminando entre la gente,
vive lleno de zarpazos esquivando cuando siente.
Alas rotas y cansadas de romperse en algún vuelo,
lluvia seca que te nace pero nunca llega dentro,
mirada inofensiva de los que nunca reclaman,
algo cómodo que sientes pero nunca te desarma,
tierno como un animal que va buscando una caricia.
Se llevó todo de mí, pero nunca tuvo prisa.

Vanesa Martín – Nunca me conoció.

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Nunca me conoció

“Lo que intento decirte es que entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño, insignificante y patético de la humanidad. Y lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que no sabías que tenías. Y da igual cuántas veces te cambies de peinado, o a cuántos gimnasios te apuntes, o cuántos vasos de Chardonnay te tomes con las amigas, porque sigues acostándote todas las noches repasando todos los detalles y preguntándote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar. Y cómo puñetas en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz, incluso a veces logras convencerte de que él verá la luz y se presentará en tu puerta. Y de todo eso y aunque esa situación dure mucho tiempo, vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio. Y vas recomponiendo tu alma pedazo a pedazo, y toda esa época difusa, esos años de tu vida que has malgastado, empiezan por fin a desvanecerse”

The Holidays

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Palm Town

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Hay un pueblo en el cual sus habitantes van con máscaras, y por la noche se las quitan y se emborrachan, se oyen pisadas de tacón por las calles silenciosas en la madrugada, y por la mañana amanecen miserables y desconsolados, están rotos pero fingen no estarlo. Es un día normal de verano, se miran en el espejo, se peinan pero no saben quienes son, arreglan algo que desconocen, y salen a la calle creyendo que saben a donde van, pero en realidad no tienen rumbo.

Las calles están tan solitarias por la noche, veo monstruos en las sombras, y luego son simples conejos cuando salen a la luz, y luego veo cachorros en la luz, y en la oscuridad son ratas que quieren chuparte la sangre, y también he visto a ángeles caídos que pretendían ayudarte y sólo querían romperte tus alas.

Todos son tan pobres, sólo tienen un paquete de cigarros y un par de botellas de cerveza, las preocupaciones rondan por sus cabezas, pero pronto las ahogan, desconocen sus ambiciones porque no tienen, sólo tienen sueños y están podridos. 

Y cuando veo a los niños jugando en el parque, y oigo sus risas, es como si estuviera escuchando el eco de la esperanza, y entonces observo a sus madres, y rezo para que no terminen como ellos, rezo para que sean conejos tanto en la luz como en la oscuridad, rezo para que sean árboles altos y fuertes,  rezo para que sean océanos profundos y para que sean ardientes y lúcidos como el sol.

Y yo me quedo sentada en la playa, escuchando el ruido de las olas al romperse, y lo comparo con el ruido de los sueños cuando se rompen en mi corazón. 

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Palm Town